A lo largo de los años, los diferentes métodos de enseñanza de idiomas han otorgado un papel distinto a la fonética. En los primeros métodos, como el de Gramática y Traducción, se le daba importancia a las estructuras gramaticales y al léxico. Se explicaban reglas que el estudiante memorizaba y luego ponía en práctica en la traducción. Sin embargo, este método fue pronto desterrado y le siguieron otros enfoques, como el Método Directo, que surgió como protesta a los métodos centrados en la enseñanza de la gramática, para enfocarse en la expresión oral, y el Método Audiolingüe, que también se basaba en la oralidad. Aunque estos no han sido los únicos enfoques y no han logrado solventar completamente las dificultades del aprendizaje de una lengua, con la llegada del Enfoque Comunicativo se produjo un cambio en el paradigma. A partir de ese momento, comunicarse en situaciones reales se convirtió en la clave.
Posteriormente, surgió el archiconocido Enfoque por Tareas. Este enfoque se centra en la comunicación en situaciones reales y practica todas las destrezas del idioma a través de un proyecto inicial y de las tareas. Aunque insiste en la pronunciación, su excesivo énfasis en la oralidad a veces conlleva una variedad muy coloquial y descuida la gramática.
Es importante tener en cuenta que la percepción de los sonidos es una facultad que comienza a disminuir a edades muy tempranas; algunos autores sitúan esto alrededor de los 5 años, pero un bebé es capaz de distinguir todos los sonidos de las lenguas que se hablan a su alrededor hasta los 6 meses. A partir de ese momento, solo distinguirá los sonidos de las personas más cercanas, generalmente la madre. La fonética es una disciplina compleja, ya que en muchas ocasiones implica reconocer y articular sonidos que no existen en nuestra lengua materna, o que en una lengua se correspondan con dos fonemas, mientras que en otra solo exista uno con dos realizaciones alofónicas, como la /l/ y la /r/ en japonés.
Tras esta breve introducción, se presentan algunos aspectos que el aprendiente de inglés debe tener en cuenta al hablar el idioma. Pequeñas modificaciones pueden suponer grandes cambios en la comunicación.
Cuando se aprende una lengua, se presentan las características de una variedad estándar (se corresponde con un modelo aceptado para los de una variedad estándar (modelo de referencia, que está por encima de los demás, y que comparten la mayoría de los hablantes de un idioma), pero hay otros modelos, que aunque no se consideran estándar, también son aceptados, y en ellos podemos encontrar algunos sonidos de la lengua que estamos aprendiendo. Los aprendientes de una L2/LE deben conocer que hay otras que hay otras variedades aceptadas tan válidas como el estándar y que deberían conocer.
Uno de los primeros conceptos que se introducen a los estudiantes de inglés como segunda L2/ LE es la notable diferencia , tanto cualitativa como cuantitativa, entre los sistemas fonéticos del español y del inglés. Este contraste fonético, esencial para una correcta pronunciación, es un punto de partida crucial en el proceso de aprender un nuevo idioma.
En el español, los fonemas vocálicos se reducen a cinco: /a/, /e/, /i/, /o/ y /u/, cada uno correspondiente a un sonido específico. Por otro lado, en inglés, estos mismos cinco fonemas vocálicos pueden adoptar hasta doce realizaciones fonéticas diferentes. Esta variación es en parte responsable de la riqueza y la complejidad de la pronunciación en inglés, pero también puede presentar un desafío para los estudiantes que están acostumbrados a la correspondencia directa entre los sonidos y las letras en sus lenguas maternas.
Este contraste también implica diferencias en la articulación y el patrón de acentuación que afectan la entonación y la fluidez del discurso. Los aprendientes de inglés a menudo se enfrentan al desafío de ajustar su producción fonética para acomodar estas variaciones y lograr una pronunciación más auténtica.
En el contexto de las consonantes, también se presentan notables diferencias en términos de articulación y pronunciación entre el español y el inglés. Sin embargo, en comparación con las vocales, estas diferencias suelen ser menos problemáticas. Estas variaciones de pronunciación se conocen como rasgos segmentales, y si bien son fundamentales para una presentación adecuada, es esencial considerar otras variables, como el ritmo, la entonación, la pausa y más, que conforman los rasgos suprasegmentales. Estos rasgos suprasegmentales desempeñan un papel esencial en la correcta interpretación del mensaje que deseamos transmitir.
En el caso de las consonantes, las diferencias en la articulación y el punto de fonación pueden requerir ajustes, pero generalmente son más manejables para los estudiantes de idiomas. No obstante, es fundamental tener en cuenta que estas diferencias pueden afectar la inteligibilidad de la pronunciación.
Más allá de los rasgos segmentales, los rasgos suprasegmentales son igualmente esenciales. La entonación, por ejemplo, puede cambiar por completo el significado de una oración en inglés. Por ejemplo, He is my cousin puede entonarse de dos formas diferentes dependiendo de qué palabra se quiera enfatizar: He is my cousin ( él es mi primo, no otra persona) o He is my cousin ( él es mi primo, no es mi tío). Una entonación ascendente puede convertir una declaración en una pregunta, mientras que una entonación descendente puede expresar seguridad. El ritmo y las pausas también influyen en la claridad del mensaje y permiten que el oyente procese la información de manera adecuada.
El análisis fonético también se extiende a la estructura silábica del español y el inglés, donde se encuentran diferencias notables. En español, las palabras se dividen en sílabas, mientras que en inglés se agrupan en pies métricos, tales como el trocaico, el dactílico, el anapéstico y el yámbico. Esta variación es de suma importancia, ya que no solo acerca al aprendiente al acento nativo, sino que también reduce el riesgo de malentendidos. Asimismo, es relativamente sencillo de practicar y, una vez internalizado, puede generar diferencias notables en la pronunciación, incluso cuando existen sonidos complicados de pronunciar para el estudiante.
La comprensión de la estructura silábica es crucial para adquirir una pronunciación más auténtica. El uso de pies métricos en inglés, como el trocaico (una sílaba acentuada seguida de una no acentuada), el anapéstico (dos sílabas no acentuadas seguidas de una acentuada) y el yámbico (una sílaba no acentuada seguida de una acentuada), influye en el ritmo y la entonación de las palabras y las frases. Esta diferenciación, si se maneja correctamente, puede conferir al hablante no nativo un mayor grado de naturalidad en su pronunciación.
Si bien es cierto que la práctica de estos conceptos puede suponer un desafío al principio, su incorporación gradual y su aplicación en el discurso diario pueden marcar una diferencia notable en la comprensión y la claridad de la pronunciación. A medida que los estudiantes se reconocen y aplican estas estructuras silábicas y métricas, es posible que vayan superando superen barreras,permitiéndoles comunicarse de manera más efectiva en situaciones de la vida real.
En conclusión, comprender y abordar las características fonéticas de un idioma no solo enriquece la habilidad de comunicarse, sino que también fomenta la comprensión intercultural y la apertura hacia la diversidad lingüística. Los aprendientes de diferentes lenguas pueden acercarse a través de una pronunciación auténtica, superando barreras y enriqueciendo su experiencia comunicativa en un mundo cada vez más globalizado.
Referencias Bibliográficas
Andión Herrero, González Sánchez, & San Mateo. (2020). ¿Qué debe saber un profesor de ELE/L2? : Guía básica para actuales y futuros profesores (Biblioteca del Profesor de ELE). Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Prieto i Vives, P. (2010). Eva Estebas Vilaplana (2009): Teach Yourself English Pronunciation. An Interactive Course for Spanish Speakers, Madrid, UNED. Estudios De Fonética Experimental, 19, Estudios de fonética experimental, 2010, Vol.19.