Delmira Agustini y el Modernismo: renovación estética y la voz femenina en Hispanoamérica © 2024 by Paloma Blasco Fernández is licensed under CC BY-NC-SA 4.0
Introducción
Christine de Pisan (c. 1364-1430) fue la primera mujer europea que pudo ganarse la vida como escritora en un entorno marcado por la misoginia literaria y el antifeminismo imperante en la Edad Media, y así lo expresó en su obra:
Se nos dice que debemos creer en lo que se expone en los libros escritos por hombres famosos que nunca han afirmado lo que no es verdad, aun cuando no sacan a relucir más que las debilidades de la mujer. […] mantengo que tales autores nunca han tenido otro propósito que calumniar y engañar a las mujeres. (1)
Aunque en los siglos posteriores, las mujeres irán reclamando su espacio, no es hasta finales del siglo XIX y principios del XX en que comienzan a formar parte de la esfera pública. Es en esta época cuando España y América latina experimentan transformaciones sociales y culturales que provocarán que la mujer pueda acceder a espacios que antes le estaban vetados.
En lo que respecta a Latinoamérica, en el año 1876, surgen en Chile las primeras manifestaciones feministas en las que las mujeres aseguraban su derecho al voto, ya que su constitución no lo prohibía explícitamente. De forma paralela, en el resto de los países que la conforman, se gestaba un movimiento anarquista que demandaba la igualdad en la educación entre hombres y mujeres. Por otra parte, la situación de las mujeres Uruguay estaba influenciada por la identidad nacional, los movimientos sociales y la creciente participación de las mujeres en diversas esferas de la vida pública.
(1) Citado por Rábade Villar, María do Cebreiro. «La poesía lírica de Gaspara Stampa: entre la resistencia y el consentimiento», Revista poética Almacén, 2003.
También en España las mujeres alzaban sus voces en una lucha constante contra los obstáculos impuestos por una sociedad patriarcal: «[…] se hacen efectivas medidas sobre patrimonio y divorcio, igualdad jurídica entre hombre y mujer, seguro de maternidad […]» (Merlo, 2010, p. 12). Estas transformaciones, que incorporaban a la mujer al espacio del que habían sido relegadas, repercutieron en su participación en la sociedad. Tanto en España como en Latinoamérica, la mujer pudo incorporarse al trabajo, tuvo acceso libre a la educación, y obtuvo el derecho a voto.
En este contexto de transformación social, ellas no solo luchaban contra las limitaciones impuestas por una sociedad patriarcal, sino que también se enfrentaban y cuestionaban su propia condición. De esta manera, contribuyeron al proceso de emancipación femenina en el primer tercio del siglo XX.
Aunque en lugares diferentes, es evidente que esta época se caracterizó por la presencia de la mujer en la sociedad y por la reivindicación de sus derechos. En este contexto, Delmira Agustini, como parte de esta efervescencia cultural y social, contribuye no solo a la poesía, sino que también pone de manifiesto en sus obras la tensión existente entre el discurso literario patriarcal y la posición marginal de la mujer.
Poesía y revolución: Delmira Agustini y la sociedad de principios del siglo XX
Delmira Agustini Murtfeldt (Montevideo, 24 de octubre de 1886-6 de julio de 1914) es una de las representantes más destacadas del Modernismo, movimiento que supuso una renovación estética y temática en la literatura hispana, y tuvo una gran influencia en las generaciones posteriores de poetas.
Comenzó su profesión como escritora cuando era muy joven, a los 16 años ya había publicado sus primeros poemas y relatos: Rojo y Blanco, La Pètite Révue, y Apolo. Asimismo, destacen sus retratos femeninos bajo el pseudónimo Joujou en revistas de impacto de la época, lo que contribuyó a su reconocimiento en la sociedad.
Años más tarde, antes de ser asesinada por su marido cuando solo tenía 28 años, escribió tres libros: El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910) y Los cálices vacíos (1913). El escritor nicaragüense Rubén Darío fue el encargado de prologar esta última obra, en la que la elogia y la compara con la figura de Santa Teresa de Jesús por la calidad excepcional de sus versos y la pasión y emoción que transmiten. Además de las obras escritas en vida, tiene varias obras póstumas, entre las que destacan: Los astros del abismo (1924) y El rosario de Eros (1924).
Su trágica e inesperada muerte provocó que su valiosa contribución a la literatura quedara relegada a un segundo plano, ya que la crítica se centró más en su biografía morbosa que en el estudio de su obra (dos Santos, 2011, p.242). Este enfoque destaca la necesidad de revisar y valorar la obra de Delmira Agustini, y poder reconocerla como una de las voces esenciales de la literatura hispanoamericana del siglo XX, ya que se atrevió a explorar temas tabú como el erotismo, la sensualidad, el amor, la muerte y la rebeldía desde una perspectiva de género y adelantada a la mentalidad de la época.
Además, es una de las precursoras del feminismo que reivindicó la igualdad y la libertad de las mujeres, tanto en su vida como en sus obras. Por todo ello, su trabajo debe ser estudiado y valorado como lo es el de los escritores de su generación.
Para comprender la importancia de la figura de Delmira Agustini en el panorama de la literatura hispanoamericana, es necesario situar la obra en un contexto más amplio en el que se especifiquen las características que definan el movimiento en el que se incluye su obra: el Modernismo.
El Modernismo en la literatura hispanoamericana
El Modernismo es un movimiento artístico y literario que surgió a finales del siglo XIX como respuesta a las transformaciones de la industrialización. Tuvo su auge durante la primera mitad del siglo XX, y abarcó diversas manifestaciones artísticas como la pintura, literatura, escultura, fotografía, arquitectura y música.El objetivo principal de este movimiento es romper con las formas tradicionales para crear nuevas técnicas y expresiones artísticas. De acuerdo con González (2004):
Además de manifestarse en todos los géneros: prosa creativa y periodística, poesía, ensayo y crítica literaria, en el modernismo se hayan rasgos de la literatura, pintura y música francesa, española clásica y moderna, inglesa y norteamericana; así como de las tendencias filosóficas y científicas de la época. (p. 228)
Asimismo, se opone a las formas clásicas, rechaza lo vulgar, y está en búsqueda constante de la novedad.
En cuanto a la Literatura, el Modernismo se desarrolla entre 1880 y 1920. La obra que inicia este movimiento en Latinoamérica es Azul (1888), de Rubén Darío. Destacan, también, las figuras de Manuel Gutiérrez Nájera, José Martí, Delmira Agustini, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou.
Entre las características generales del Modernismo predominan:
- Libertad estética: predominio de la libertad creadora y ruptura con formas tradicionales.
- Ruptura del tradicionalismo: rechazo de las formas clásicas y búsqueda de nuevas expresiones.
- Rechazo de lo vulgar: gran importancia de la estética.
- Libertad formal: abandono de formas fijas en favor de la experimentación.
- Lenguaje humorístico: uso del humor como recurso expresivo.
- Valor de lo cotidiano: aprecian lo común desde una perspectiva artística.
- Apertura hacia lo nuevo: innovan y exploran nuevas tendencias.
- Correspondencia artística: aproximación de la literatura con otras formas artísticas como la música, la pintura y la escultura.
- Preferencia por temas pintorescos, exóticos y decorativos: se inspiran en elementos visuales y temáticos.
En suma, este Movimiento representó una ruptura con las formas tradicionales, y ofreció un espacio de libertad creativa que permitió a los escritores y artistas explorar nuevas formas de expresión y temáticas. Además de enriquecer la literatura hispanoamericana, el Modernismo también abrió las puertas a voces como la de Delmira Agustini, Alfonsina Estorni y Juana de Ibarbourou, quienes desafiaron las convenciones de su época y contribuyeron al desarrollo de la literatura universal.